Fui predeterminada en mis elecciones, y ahora no las puedo cambiar. Ya no puedo ser espontánea y decidir dejar todo por una aventura, por un poco emoción. Antes me detenían las circunstancias: mi mamá, mi hermano, que era menor de edad, que no trabajaba y por tanto no tenía dinero. Ahora soy presa de mi misma. Yo misma me impido salir de el torbellino que me lleva a la cotidianeidad infinita.
He perdido mi creatividad, mi chispa. Ya no puedo idear algo inusual y original. Sólo aspiro aire para seguir una rutina que se vuelve sin fin.
Me resistí lo más que pude, hice berrinche y hasta "patalie", pero no lo detuve: crecí. Crecí y me deje envolver por... no sé, por aquello de lo que huía.
Y veo pasar mi vida demasiado rápido, y no lo estoy gustando, y me asusta. Quiero bajarme de este carrusel, va demasiado rápido y me estoy mareando. No me gusta la dirección que está tomando este tren que es mi vida. Juraba que yo dirigía aquel tren y ahora comprendo que no tengo la más mínima injerencia en él.
Lo que más me consterna (además de mi uso tan mamón de las palabras) es que creo que en ningún punto de mi vida pude elegir: verdaderamente soy la hoja que mueve el viento. Mi "yo" no es nato, ni fue escogido por mí; sino todo lo contrario, me fue impuesto. Con sangre y dejando muchas marcas adquirí esta manera de pensar que ahora es mi cárcel. La cárcel que encierra a la parte de mi que yo se que al final de todo me haría trascender, pero aún más que eso, la parte que me haría ser feliz.
Pero al final del día sigo siendo yo, y cuando despierto, otra vez yo; puedo estar en la escuela o en el trabajo, sola con mucha gente o acompañada por mi misma, y sí, de nuevo seguiré siendo yo. Siempre yo. No sé por que me sigo sorprendiendo de esto, si ya lo sabía.
TU ERES LA PERSONA QUE YO HUBIERA QUERIDO SER.